abdelkader

 

Abdelkader se reincorpora en su asiento acolchado y rompe un largo silencio. Me gusta conversar con los amigos, hablar y escuchar. Coge la tetera y nos sirve un vaso más. El segundo vaso es siempre mejor que el primero. Y, en efecto, lo es. Voy a poner más música. Se levanta y explora las cintas apiladas en la esquina de la habitación. Esta. Suena una melodía incisiva. Es un cantante de aquí, toca a menudo en la ciudad. Vuelve a sentarse en su rincón, debajo del cuadro del rey, la única decoración de la estancia. Hay que ayudar a la gente, es bueno ser bueno con la gente. Me acerca el plato de galletas y cuando sonríe me doy cuenta de que le falta un diente. Sólo así se puede lograr la entrada en el paraíso. Ha terminado la canción y la habitación se llena del rumor hipnótico de la cinta magnética. Y yo quiero entrar en el paraíso. Ya no suenan más canciones, pero sigue el rumor de la cinta, que parece querer llevarnos a algún sitio, lejos de las ciudades, lejos de las calles, lejos de las casas, lejos de las habitaciones, lejos de los sofás, lejos de los anfitriones improvisados, lejos del té a la menta, lejos de nuestras miradas perdidas en el silencio. Probablemente lo único que quiere el rumor de la cinta es llevarnos al paraíso.

 

 

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en abdelkader, movinda. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s