Justino

Justino está sentado en la butaca blanca de la consulta de Alma. Después de unos segundos mirándose los pies, alza la cabeza, clava la mirada en los ojos castaños de Alma y dice tímidamente:
-¿Patatas?
-Sí, Justino. Eso es, patatas.
Justino recorre la habitación con la mirada, bañado un sudor frío. En la pared cubierta de diplomas no hay indicios de ironía. Observa la montaña de patatas y el rotulador negro que Alma ha colocado sobre la mesa.
-¿Y qué tengo que hacer con las patatas? Quiero decir… ¿qué tienen que ver las patatas con mi terapia?
-En cada patata vas a escribir uno de los nombres de toda esta gente de la que hemos estado hablando. Vas a poner las patatas en esta bolsa, que llevarás encima en todo momento, cada día, durante una semana.

Justino sale de la consulta con la bolsa de plástico verde en la mano. Al llegar a la plaza de las palmeras, saca una patata. Lleva escrito un nombre: Luís. La devuelve a la bolsa y se carga la bolsa a la espalda.
-Joder, Luís, como pesas.

 

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Una respuesta a Justino

  1. chusdiaz dijo:

    Molt bo, Jaume! Aquesta frase m’ha semblat genial: “En la pared cubierta de diplomas no hay indicios de ironía”. 🙂

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